martes, 8 de septiembre de 2015

[DECLARACIÓN EN COMISARÍA ANTE LA CAUSA CARATULADA “CARTAS PARA QUE LA ALEGRÍA”]



Efectivamente, de gurí también solía escaparme en el Gran Capitán, rumbo al sur. Me gustaba el traqueteo del tren (que-tren-que-tren-que-tren) y sacar mi cabeza por la ventanilla. Era como ir volando por encima de un mundo de fierro. No escapaba de nada, o quizás solo de mi inocencia. Cierto día, en uno de esos tantos viajes, entre Mansilla y Desvío Clé, pude observar claramente un centenar de mariposas de alfalfa que acompañaban una mirada de palabras diáfanas, pero ¿quién acompañaba a quién? ¿El hombre a las mariposas? ¿O las mariposas a las palabras que poseían al hombre? Mientras tanto yo soñaba con escribir un día sobre el viajero que a mi costado llevaba una gallina amordazada en un bolso, o sobre la señora que comía mandarinas e inundaba el vagón con olores de citrus. También hubo pasajeros que tocaron sus guitarras desparramando sueños mientras el sol y las sombras corrían al costado del tren magullando los pies por entre las piedras, en mi solitario viaje.
¡Claro que vi aquella mirada de aquel hombre, proseguir con su triste camino!, como también regresar a las mariposas de alfalfa por su rendido destino. Eso si, en mi caso, nunca llegué a Buenos Aires. Y quizás por ello, no lo sé, nunca supe en qué parada descendió la alegría. 
 

   Al poema “El viaje lo trajimos…” de Arnaldo Calveyra

De mi último trabajo LA LLAMA EN EL FUEGO,  
inédito. Marcelo González, Resitencia, Argentina 

 

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