De
los olores
que
me dispensabas,
de
las formas
rudimentos
y colores
de
los espacios
en
que no estabas
de
su textura
de
ausencias
que
invadía
la
paciencia
y
colmaba
toda
la habitación
que
me engullía
por
completo
bostezando
el elemento
del
alcohol
y
su fermento
de
la abominable
imagen
que
se marcha
a
esconderse
entre
los grises
de
la esperanza
y
tu llegada tan interminable
y
de la lluvia de afuera
y
de la lluvia de adentro
del
frío sempiterno
de
los cabellos
que
aún descansan
en
mi almohada
enredados
con
el mismo olor
del
shampoo
de
aquella madrugada
y
tus pasos
que
son a tu risa
lo
que tu boca
al
olor de mandarina,
cítrica
sonrisa
de
semillas que prometen
el
amor en gajos
dulces
y sin ninguna prisa…
de
absolutamente todo
cuanto
yace
en
mi recuerdo que calcina
de
lo que más añoro
de
aquel sexo,
es el estertor de mi gemido
contra tu retina.

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