es bien distinto el panorama. Ya nadie queda ahí
te lo aseguro. El tiempo murió entre sus débiles brazos
digo el tiempo como bien puedo decir la excitación
o el desencanto. No digo el tiempo por decir el tiempo,
como por si acaso. Digo claro sí que en tales brazos
fue el tiempo quien descubrió su pavor y el desencanto
cuando vislumbró del impropio círculo la epopeya
del semicírculo que emergió en la arena de la playa
bajo el sol intenso del verano. Abrasados. Morenos
de porvenir y desamparo. Raídos de esperanza.
Te lo afirmo y aseguro, fue eso y no otra cosa, amigo
y ya no queda nada. Tan solo si la inexplicable
madrugada de sensaciones ahora deplorables
que confunden a los sentidos que ahora ya no sienten
ni el sabor de la manzana, ni el aroma de su vientre.
Vayámonos edurado, antes de que sea bien tarde
aún queda tiempo para desertar de los recuerdos
no sigas manoteando en el aire, que ahí no hay nada
y el amor nunca fue como nos lo contaron. Engañan
las flores y los pájaros, el río y el firmamento
y ni la poesía más estricta con su lamento
nos han de mostrar algún día las sombras del amor
y su tormento. No, no hay nada, eduardo. No hay casi nada.
Al poema "Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses...", de Eduardo Lizalde.
De mi último trabajo inédito La llama del fuego, 2015

No hay comentarios:
Publicar un comentario