miércoles, 12 de agosto de 2015

EL POEMA QUE ME HUBIERA GUSTADO ESCRIBIR

Hace algún tiempo un buen amigo, Ivan Nuñez, me preguntaba, de poder elegir ¿qué poema me hubiera gustado escribir?
¿Tiene que ser uno?, pregunté. Si, el poema que más te hubiera gustado escribir, me dijo, muy entusiasmado con el desafío. 
Se me cayó la biblioteca encima. Volaron versos, estrofas, obras completas, autores diversos. La tarea era sumamente difícil. Sobre todo porque cuesta definir un parámetro que nos contenga definitivamente. Recuerdo que ese día conteste algo así como el que me hubiera gustado escribir es el que todavía ando buscando, el que todavía no lo he escrito. Una avivada de mi parte, como para salir del paso. Iván insistió y me dejó como tarea elegir de los que había leído aquel que me hubiera gustado escribir. Todo un amigo Ivan!
Esto habrá sido por el mes de marzo más o menos. Ahora es agosto y recién creo haber encontrado una respuesta a esa inquietud. 
Curiosamente el que elijo no es un poema escrito originalmente en mi idioma, con lo cual ya es todo un problema, pero no obstante, desde que lo leí, y eso es aproximadamente hace diez años, no ha dejado de dar vueltas por mi cabeza y creo que me ha mostrado un camino que yo mismo buscaba, el de una mirada aguda, tierna y desafiante, que sorprenda al lector a partir de sutiles y sensibles imágenes que van generando en versos sencillos, sorpresa y devoción, sobre todo al hablarnos de los grandes temas humanos, la vida y la muerte, la pasión y el desconsuelo, la desazón y la esperanza... Buena parte de lo que persigo con mi propia poesía es eso mismo. Solamente ruego, poder descifrar en algún poema, aquello que me fue escrito por alguien dentro de un pez para mí.


BAÑANDO CABALLOS EN UN POZO DE LA
GRAN MURALLA


Verde, verde hierba de la ribera.
Madejas de añoranza por el camino lejano, 
el largo camino que no tolero añorar.
Por la noche en mi cama lo veo en sueños, 
sueño que lo veo a mi lado.
Bruscamente despierto en otra aldea,
otra aldea, los dos en sitios distantes.
Me agito y me doy vuelta, y ya no lo veo.
Las moreras marchitas conocen el viento de 
                                          [los cielos, 
las aguas del océano conocen el frío de los cielos. 
Entro en la casa, todos están ensimismados. 
¿Quién quiere hablar por mí?
Un viajero llegó desde muy lejos
y me trajo una carpa enorme.
 
Llamo a mis hijos y cocino la carpa.
En su interior hay una carta de seda blanca. 
Me arrodillo y la leo.
¿Qué dice la carta de seda blanca?
Arriba está escrito: "Trata de comer!" 
Abajo dice: "¡Siempre te amaré!"

  Ts'ai Yung (131-192)     
     

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NUEVO LIBRO

- Que difícil se hace recomendar un libro que todavía se esta digiriendo. Sin embargo tengo la certeza de que es una obra para recomendar. Se trata de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami. ¿Por qué es recomendable una novela de un poco mas de 900 páginas?. Porque se trata de universo intenso que penetra y marca (como una mancha en el rostro) al ávido lector que se ve envuelto en un clima tan irreal como real, tan ficticio como probable. Cada uno de los personajes de la obra, desde una personalidad maciza y contundente nos increpa sobre nuestra propia realidad. Mucho de sus pasajes me hicieron recordar el "clima kafkiano" de lo absurdo, de lo inexplicable. Sin embargo la obra de Murakami es todavía más inescrutable. Es un laberinto de sentidos dispares, y callejones que al poco de andar no te llevan a ninguna parte. Pero te dejan aturdido. Como si el fin del camino consisitó en darte un narizaso contra una pared transparente que te cortó, repentinamente el paso. Vale la pena. Y ni siquiera interesa la historia. Entre otras cosas, nunca he leído un argumento tan sofisticado y tan contundente respecto del "deseo femenino" como en la carta que Kumiko le escribe a su esposo, Tooru Okada, donde intenta explicar el motivo de su infidelidad. Solo después de leer esas líneas uno cree comprender un poco más acerca de lo que significa "ser una mujer". Sin embargo, no es una novela emocional, no hay reproches, ni culpas, ni broncas, ni alegrías desmedidas. Todo trasciende como si se tratara de un gigantesco engranaje al que alguien, cada tanto, da cuerdas para que no termine... hasta el final.

Marcelo Gonzalez


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Marcelo González


- Pocos querran discutir, pudiendo o no coincidir conmigo, que fue Edgar Allan Poe el más prominente escritor que dio las tierras lejanas del norte imperial. Y lo digo sin ser un experto en literatura norteamericana ni mucho menos. Sin embargo, hoy quiero referirme a un ensayo, que tuve oportunidad de leer recientemente y que me parece debe ser recomendado en este espacio, sobre todo para aquellos escritores con ganas de escribir mejor, de poseer un método y escapar así a la ilusión de la "creación espontánea", que no es otra cosa que la negación del arte como una actividad laboral. El arte, y la escritura, es un trabajo. La faena del artista es del mismo nivel que la del albañil, el carpintero, un chofer de colectivos o el bibliotecario...
La obra se denomina Filosofía de la composición, y lo que se persigue en ella es la sistematización de un método para escribir. El libro es muy interesante porque la propuesta básicamente es que el plan del relato debe tener, como principio, su fin. A partir de este principio la obra artística pasa a ser un plan deliberado y lógico, que es concebido desde su desenlace y desde los efectos (respuesta emocional) que el autor pretende lograr en el lector. Aquí el fin justifica plenamente los medios. Poe prosigue luego con el desarrollo de diferentes conceptos que sirven como herramientas importantes a tener en cuenta por aquellos que quieren emprender la aventura de una obra (utilización del tiempo y la duración del relato, el tono, el efecto y un elemento "clave" o eje de la narración). Se los recomiendo, es un aporte valioso.

Marcelo González