viernes, 18 de diciembre de 2015

[RELOJ DE SOL]

Para mí el mundo comenzó la madrugada
en que hallándome parado al borde de mi ventana
lleno de insomnios y de viejos fantasmas
pude ver con claridad indiscutible
el destino de las sombras en la mañana.

Claramente se corren de los objetos, son su alma,
para postergarse por un tiempo a su costado
o en derredor, porque es un círculo ese refugio,
y lo he visto tan claramente! Como se despegan
de sus cosas y de las formas de las cosas
que durante toda la inmensa noche la sostienen.

Sí que hay ingratitud entonces! Mientras pueden
se adhieren y sueñan con ser eso que habitan,
sueñan con existir de alguna merecida manera
(y es por eso que de noche siempre se sueña)
Más apenas el sol o la claridad sugieren
se desperezan y se marchan, se contraen
y se incorporan al mundo ignoto
e insustancial que en sombra se convierte.

Yo lo he visto. Y desde entonces puedo mirar
en la luz cómo los cuerpos se abandonan
o quedan pendientes – penden – de un hilo
casi insustancial y mágico. Sin él
la vida ya no sería lo mismo, y el tiempo
divagaría sin rumbo, sin sentido, ni destino.

Vivo en enfrente de la única plaza
de mi viejo pueblo. Desde donde vivo
puedo ver con claridad un antiguo
reloj de sol que marca el paso de las horas
y para mí el mundo comenzó la madrugada
en que descubrí con claridad y certeza
que la sombra que marca ese reloj todos los días
es el dibujo del tiempo que se va yendo.

Como con mi propia sombra, que me gira todos los días,
y con cada giro, me hunde un poco más en el viento.

Foto: Reloj de Sol ubicado en la plaza principal
de mi pueblo natal, Alvear (Corrientes, Argentina)



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NUEVO LIBRO

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Marcelo González


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Marcelo González